JMJAños atrás conversaba con un antropólogo sobre la idea del tiempo y la percepción del mismo en las diferentes culturas. Dos me llamaron la atención: La primera fue aquella que tienen ciertos pueblos africanos de concebir el tiempo como un río que los circunda, un flujo en constante cambio en torno al individuo quien, desde el centro de ese río circular, ve la vida pasar delante de él. Esto, me decía el antropólogo, revela su relación con el mundo, una relación mucho más relajada y armónica que la occidental, pues para ellos cada día —o porción de vida— contiene proporcionalmente las tres edades del tiempo: el pasado, el presente y el futuro. La otra percepción que me llamó la atención es la de algunos pueblos indígenas de Sudamérica, en su caso el tiempo representa una figura lineal, no circular. Esa línea que se prolonga delante del individuo lo atraviesa y continúa detrás de él. Pero ese individuo que camina por la línea del tiempo lo hace hacia atrás, pues frente a él sólo puede ver su pasado y el futuro, aquello que desconoce, está siempre a sus espaldas.

Es probable que Jay Mark Johnson (EUA, 1955) en sus años de estudio sobre lingüística y biología antropológica en la UCLA (California) haya dado tangencialmente con estas sorprendentes percepciones y que ello, quizá, lo haya motivado a crear la maravillosa serie de fotografías titulada SPACETIME.
Johnson es un artista multifacético; arquitecto y cineasta de profesión ha incursionado en diversas disciplinas artísticas, desde el Performance hasta el desarrollo de efectos visuales en películas como Matrix o Titanic. Pero sin duda su faceta como fotógrafo es la que más reconocimiento internacional le ha proporcionado, la mencionada serie Spacetime (2003) ha dado la vuelta al mundo recorriendo museos y galerías e inspirando a más de un artista tanto en lo plástico como en lo técnico.

El principio de fragmentación del movimiento que crea la ilusión de desplazamiento en el tiempo no es mérito de Jay Mark Johnson, se lo adeuda a Eadweard Muybridge (UK, 1830), uno de los padres tecnológicos y conceptuales del cine quién lo investigó y desarrollo a finales del XIX. El aporte de Johnson consiste en la creación de una cámara que permite plasmar ambos conceptos en una sola imagen FIJA. Mientras en Muybridge se requería “animar” una serie de fotografías para generar la percepción del movimiento, en Johnson ese movimiento y ese tiempo quedan simultáneamente congelados en una foto. El dispositivo opera con el principio de las cámaras que se usan en las competencias de velocidad en Atletismo (lo que se conoce como Foto Finish). La cámara que Jhonson ayudó a desarrollar rota sobre su propio eje, de esta manera consigue “escanear” el espacio. Este escaneo del espacio es lo que produce esa estela de líneas horizontales multicolores. Técnicamente sería como realizar una serie de fotografías a diferentes grados para luego unirlas una a continuación de otra, con la diferencia que este proceso se hace en tiempo real, barriendo así todo el paisaje que “transcurre” frente al objetivo de la cámara. ¿Pero qué ocurre si algo se mueve frente al objetivo? La cámara posee una estrecha ranura para dejar pasar la luz, esto hace que las porciones de espacio que capta sean muy delgadas, de tal manera que, si los objetos pasan frente a la cámara a gran velocidad se visualizan a través de esa ranura como comprimidos y oblongos (como un vehículo o un atleta por ejemplo), pero si el movimiento captado a través de la ranura es lento y pausado (como en los ejercicios de Taichí) entonces ese objeto o sujeto se estira y deforma en el eje horizontal de la imagen.

Lo que Johnson consiguió en Spacetime es motivo de muchas conjeturas y acalorados debates físicos, filosóficos y artísticos: ¿Puede una fotografía contener dos tiempos diferentes dentro del mismo encuadre? En toda regla; uno de los márgenes de esa fotografía ha congelado el futuro (o el presente continuo) mientras que el margen opuesto visualiza el pasado de ese instante capturado (fracciones de segundo, minutos, la vida..). Y aún más, ese individuo que accidentalmente se ha cruzado frente al vórtice espaciotemporal de esa ranura ha pasado de estar “atrapado en su tiempo” a ser comprimido por el paso (¿peso?) del tiempo sobre él.

Visualizado como el fluir de un río que nos circunda, percibido como una línea sobre la que se camina de espaldas, o pintado como un barrido horizontal multicolor, el tiempo ha sido y será la materia escultórica de la vida, su masa y su vacío definen nuestra existencia y sobre la representación de su forma se ha erigido siempre toda concepción del arte.

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