Muy pocos cineastas han aplicado la teoría del montaje de la vieja escuela rusa a sus trabajos, y es que adentrarse en los planteamientos de Sergei Einseinstein, Vladímirovich Kuleshov o Dziga Vértov requiere tener un total dominio del lenguaje cinematográfico para poder llegar al supra-lenguaje que alcanzaron estos maestros. Con seguridad Jean-Luc Godard ha sido el cineasta (vivo) que ha llevado esa escuela a lugares muy alejados de la rudimentaria narrativa contemporánea. Su ejemplo cúspide sería la legendaria “Histoire(s) du Cinéma”, una obra que evidencia con el paso del tiempo el cine a gatas y a tientas que se consume hoy.
En esa misma línea Adam Curtis (Inglaterra, 1955) desarrolla su propia propuesta en la que, al igual que el director francés, su arquitectura narrativa se basa en tres pilares: el montaje de atracciones, el uso de la música, y el discurso tipográfico.
En el universo Curtisiano de “It Felt Like a Kiss” la forma es al contenido como este a la forma, o dicho de otra manera; la sumatoria de los fragmentos crean el discurso, el cual sólo existe en la medida que estos fragmentos colisionan. Este principio es aplicado con rigurosidad a todas las láminas que estructuran el film, los actores por ejemplo. Curtis presenta a Rock Hudson y a Doris Day en los títulos de crédito de su película como sus protagonistas (junto a Lee Harvey Oswald, Saddam Hussein y el chimpancé Enos), y lo son, pero las imágenes que utiliza pertenecen a otros films (o momentos históricos) donde estos actores (o personas) fueron también protagonistas; tanto en la ficción como la realidad. Y es precisamente ahí, en ese vórtice de la realidad creado por la ilusión del cine, dónde Curtis encuentra su discurso: entre la verdad y lo verosímil, entre la mentira y la representación, entre la información y la propaganda, entre la historia y la historicidad. Planteada esa dicotomía discursiva todo lo demás es ingenio y control de la herramienta.
Uno de los grandes aciertos de “It Felt Like a Kiss” es el uso a música (y la banda sonora en general). Si en “Samson & Delilah” Thornton exteriorizaba el universo interior de sus personajes a través de la banda sonora, en “It Felt Like a Kiss” Curtis “hace hablar” al material a través de la música. Irrespetando audazmente el metraje de cientos de films Curtis redibuja cada imagen con la música que la afecta, reescribe las situaciones con las letras de las canciones que les impone, transforma los dramas en comedia y, en tono de comedia, alcanza la crónica, la crítica y la denuncia.
La música es para Curtis el protagonista omnisciente de una historia improbable, o lo que es lo mismo: la historia “improbable” es la historia que nuestra sociedad occidental conoce, y esta ha sido construida (en tono tragicómico) por sus líderes y por un Estado omnipresente, encargado de redibujar mediante el uso de la propaganda la figura del individuo —esto último es algo que experimentamos a diario en nuestro país—.

“It Felt Like a Kiss” fue concebida como parte de una obra teatral llamada “How power really works in the world”, cuyo estreno tuvo lugar en Julio del 2009 en el marco del Manchester International Festival. Adam Curtis colaboró con la compañía teatral Punchdrunk y la BBC para la creación de esta pieza de 54 minutos.

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