“Un idiota es un idiota. Dos idiotas son dos idiotas. Diez mil idiotas son un partido político.”— dijo alguna vez Franz Kafka.
Paddy Chayefsky, guionista de profesión, debió leer esta cita con atención durante los años de juicio en los que, junto con el productor Howard Gottfried, demandaron a la entonces poderosa United Artists por vender una de sus películas dentro de un paquete televisivo a la American Broadcasting Company. Con el dinero del litigio ambos consiguieron financiar su siguiente película y, con la rabia acumulada por el atropello del nuevo imperio, la televisión, consiguieron erigir una de las historias más letales contra los medios de comunicación y el uso del cuarto poder: “Network” (1976).

Basada en un suceso real (el suicidio retransmitido en directo de la periodista estadounidense Cristine Chubbuck) la película narra la historia de un presentador de televisión a punto de ser despedido por la baja audiencia de su programa quien, en el momento de mayor desesperación, anuncia su suicidio por televisión. Este anuncio dispara los índices de audiencia y la cadena televisiva decide mantenerlo en su puesto, pero el presentador (magníficamente encarnado por Peter Finch) comienza a perder la cabeza y a arremeter contra la audiencia, la propia cadena, los medios televisivos, los ciudadanos, el país y el mundo. Su delirio televisado no consigue convocar a una conciencia colectiva y, por el contrario, lo convierte en un ícono desquiciado de las masas.

Dirigida por Sidney Lumet (EUA, 1924) “Network” prefigura una estela de películas que en las décadas siguientes lanzaran enormes piedras sobre los tejados de sus propios estudios, dando paso a un cine que cuestiona su propio sistema de producción, el uso propagandístico de los contenidos en los medios y el endiosamiento de los personajes que lideran la información. Pero detrás de esa crítica procaz se esconde un discurso mucho más incisivo, despiadado y profético: Lumet toma el guión de Chayefsky, lo agita con una caligrafía cinematográfica impecable y nos lo sirve en un cóctel molotov que levanta ampollas en el pasivismo más consumista. La bofetada que imparte “Network” al espectador es tan lapidaria como el discurso que proclama Finch a ese público alienado del plató de televisión: “Go to yourself, that is the only place where you can find the real truth! WE LIE!” y el público se levanta y aplaude enardecido… “You are the real people, we are the illusion!” y la audiencia ríe y celebra…

Aquella otra cita “Toda mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en verdad”, que hoy más que nunca cobra una alarmante vigencia, se ha materializado hasta el absurdo en la película de Lumet; el loco es ahora el más lúcido y los cuerdos han perdido la razón, y en esa sinrazón el individuo se encuentra atrapado en el cristal (¿una pantalla?) que separa lo real de lo ilusorio, es incapaz de discernir el hacha del verdugo, y sonriente inclina la cabeza para ser anulado.

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